Eterno retorno, eterna creación: Un análisis de “Las ruinas circulares” de Jorge Luis Borges

Por María Rebeca Muralles

Jorge Luis Borges es uno de los escritores latinoamericanos más prominentes del siglo XX. Narrador, ensayista y crítico literario. Su obra destaca por haberse separado del realismo y el compromiso político para reflexionar desde lo filosófico, metafísico acerca del hombre y su existencia. Filosofía y literatura son amalgamadas mediante un complejo sistema de símbolos, de manera magistral por el bonaerense.

El argumento del cuento Las ruinas circulares es bastante sencillo: un hombre desea convertirse en creador de un ser hecho a su semejanza; tal como el escritor lo hace con sus personajes. El hombre del relato, a través de sueños, configura un individuo que cumple con las características para convertirse en un ser autónomo. Lo escoge de entre un grupo de pupilos imaginarios, lo instruye, lo forma y cuando considera que ya posee las herramientas necesarias para desenvolverse independientemente, lo libera, lo envía a un lugar lejano y borra su memoria para que no recuerde que es una mímesis “[…] Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje”. El creador, sin embargo, hacia el final del relato, se entristece y se siente “humillado” al tomar conciencia de  que él mismo es también una mímesis, es el sueño de otro.

Es interesante remarcar el juego de palabras respectivas al sueño. En el epígrafe se encuentra una frase de Lewis Carrol “And if he let off dreaming about you…” (y si él dejara de soñarte…) o la frase “Y en el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó”. Soñar y despertarse, dos ideas que se contraponen y que hacen alusión al idealismo platónico, que luego tomaría Hegel como fundamento para su Filosofía. Todo lo que existe, lo hace solamente en el mundo de las ideas, de los “sueños”. La existencia es una construcción ideal, subjetiva, de tal manera  que cada hombre se puede constituir en “soñador” (creador) de su propia realidad.

La existencia, entonces, se hace frágil al concebirse solo como el sueño de otro. “si él dejara de soñarte…” parece una sentencia de muerte, una burla a la existencia, que el ser dependa solamente del sueño de Otro, de la arbitrariedad del deseo de soñar de otro. Esto es lo que coloca al ser humano en el plano de subordinación, al saberse, solamente, un fantasma y no un hombre con existencia propia, fuera de una construcción de la Alteridad. Si la libertad y la autonomía son características indispensables del ser humano; el depender del sueño de otro, convierten al Soñado, inmediatamente, en un ser subordinado, indigno de pertenecer a la categoría humana.

Sin embargo, pese a su naturaleza mimética, el sujeto soñado tiene características humanas. Posee un intelecto superior al de sus pares (al de otros individuos soñados por el creador), su pensamiento es autónomo, pues cuestiona las doctrinas del maestro, se atreve a pensar, a ver y a argumentar más allá que los demás. El soñado entonces no solamente podría ser un hombre, podría ser un superhombre, en el sentido del  Superhombre nietzscheano.

La idea de Superhombre también está presente en la figura del Creador. Él mismo, si es un sueño de otro, debió tener las características que lo hicieran sobresalir entre los otros individuos soñados por su creador. Además, Borges lo presenta en algún momento como un mago venido de “las infinitas aldeas que están aguas arriba, […] donde el idioma zend no está contaminado de griego” Esta es una referencia a la cultura persa. “Mago”, en la cultura persa, es una denominación para el sacerdote. El sacerdote desde la perspectiva modernista es, nuevamente, una alusión al Superhombre. A aquel que ha sido capaz de sobresalir, de conocer más allá de la realidad concreta de-finida y de-limitada por la razón. A ese que acerca el desconocido Infinito a los seres llanos y pone al descubierto la verdad de la existencia. Por ello, el Mago además de crear instruye, da lecciones, le revela los secretos del universo a su hijo, a su creación.

Pero, como se mencionó con anterioridad, es la dependencia del sueño de Otro, lo que no le permite a este nuevo ser, ejercer la autonomía existencial. Esa dependencia del sueño lo determina, lo subordina, le impide mostrarse y descubrirse como posibilidad, puesto que su destino está supeditado al sueño del Otro.

Otro importante aspecto sobre la limitación de la experiencia existencial del  soñado es la carencia de memoria. Bergson cuestiona:

“¿Qué somos nosotros, qué es nuestro carácter sino la condensación de la historia que hemos vivido desde nuestro nacimiento?”

(Bergson, 1896: 48)

Al Soñado, en afán de protección, el Creador le borró la memoria. Oscureció su memoria para que no recordara su origen, para que no tomara conciencia de que era una mímesis. Sin embargo, esta carencia de memoria lo acercaba más a la naturaleza mimética.

Además de estos dos factores, en el relato se encuentra el conflicto existencialista acerca del creacionismo determinista. Al respecto, afirma el filósofo existencialista Jean Paul Sartre,

“el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define […] El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho.”

(Sartre, 1946: 31)

La existencia del hombre se opone a la Nada. Antes del hombre, no hay nada que lo defina, que lo determine, que lo conciba. El hombre mismo existe y cuando es consciente de ello se define y se concibe a sí mismo. Se construye y por eso será “tal como se haya hecho”. Por ello la frustración ante el conocimiento de la determinación de su naturaleza, producto de la creación por parte del soñador del relato.

El eterno retorno

Se trata de un concepto, que Borges toma como base para la creación del escenario y la simbología sobre los que se desarrolla el argumento. Pallares hace una alusión a Hegel al hablar de la concepción cíclica del tiempo:

“El devenir circular de Hegel no se prolonga hasta el infinito, sino que vuelve sobre sí mismo en forma circular, retornando a su punto de partida”

(Pallares, 1974: 306)

Desde el momento en que las ruinas a las que llega el Mago son circulares, la alusión a una concepción no lineal de la realidad se hace evidente. Son constantes las referencias a lo cíclico, a lo circular.

“A veces lo inquietaba la impresión de que ya todo eso había ocurrido…” El retorno de la historia, la sensación que da origen al fenómeno psicológico del dejavú que, basado el subconsciente en experiencias similares, crea la sensación de haber experimentado ya una circunstancia idéntica.

“Para reanudar la tarea [de soñar] esperó que el disco de la luna fuera perfecto” Una alusión al ciclo lunar que se repite mes a mes.

“Porque se repitió lo acontecido hacía muchos siglos. Las ruinas del dios del fuego fueron destruidas por el fuego” Esta cuestión aparentemente paradójica, parece ser la representación literaria del uróboros (el dragón que se devora a sí mismo y representa el eterno retorno, la naturaleza cíclica de las cosas). El fuego es un símbolo dual que representa purificación o renacimiento, pero a su vez destrucción. El fuego destruye para volver a crear, puesto que es una fuerza vitalizadora.

El fuego, representado por una figura que debido los daños producidos por la ceniza que había destruido el templo, no podía distinguirse entre un tigre y un caballo; le ayuda al soñador a llevar a cabo su empresa. Los tres elementos: fuego, tigre y caballo, son símbolos de vitalidad, alusiones al élan vital bergsoniano.

El eterno retorno se refiere también a un eterno comienzo, a las cosas que no tienen fin. La creación en este relato es infinita, pues así como el Mago crea a un ser soñado, la posibilidad de que aquel conciba la misma idea es altamente probable.

La creación supone ordenamiento “Al principio los sueños eran caóticos pero después fueron de naturaleza dialéctica”. El orden que el autor decide darle a los elementos no es lineal, es dialéctico. Un orden en el que el desarrollo depende de la lucha de los opuestos y de un eterno nacimiento de nuevas realidades a partir de estos enfrentamientos.

El eterno retorno y el hombre

Para el Superhombre de Nietzsche, el eterno retorno es una infinita posibilidad de mostrar su superioridad existencial. El Superhombre ha sido capaz de concebirse una existencia auténtica. El retorno a ella solo le provee de más posibilidades de perfeccionarla.

Para el existencialista, el retorno es una condena. El volver a una realidad que le es insoportable, que le produce angustia y nausea existenciales,  solamente podría aumentar esos malestares.

Para el Homo Deus, el eterno retorno es una incesante posibilidad de crear. En Las ruinas circulares, Borges plantea la idea del eterno retorno como un eterno renacer. Un ciclo interminable de destrucción y creación.

El hombre para Borges es, entonces, un ser creado, un ser cuya existencia forma parte de un ciclo vital interminable. Un individuo creado a partir de fuerzas naturales elementales, pero cuyo destino no está determinado. Cuya verdadera misión es convertirse en creador pues solamente así logrará trascender. Solamente mediante la creación, el hombre se convierte en un ser inmortal. El hombre se siente humillado al saberse creación de otro, pero aun cuando este sea una mímesis, su mérito existencial consiste en  ser creador de otro ser. La humillación viene de la idea de carencia de autonomía, de albedrío, de libertad plena. Sin embargo, la liberación y alejamiento del hijo, le redimen.

El hombre es un ser que, pese a su origen, inicialmente determinado por el creador, es capaz de ejercer su libre albedrío y convertirse, a su vez, en un ser creador. El hombre es, por tanto, un ser ilimitado, que no ha sido preconcebido ni predeterminado, sino que se auto determina y se define por su obra.

7 thoughts on “Eterno retorno, eterna creación: Un análisis de “Las ruinas circulares” de Jorge Luis Borges

  1. Pável says:

    Hola, está muy padre, pero deberías de citar de dónde lo sacaste, porque no pones el nombre de a autora.
    “María Rebeca Muralles”.

    Gracias.

    • Mabelleta says:

      Hola, el ensayo es de mi autoría. Las citas que tomo textuales están indicadas. Pero por lo demás, son reflexiones personales. Gracias por leerme. ¡Saludos!

  2. […] “Las ruinas circulares” de Borges (Ficciones, 1941) no cumple con las necesidades estructurales requeridas para el género fantástico. Que el cuento suceda en un espacio vinculado a la magia y, además, en un templo en ruinas da al relato cierto aire mítico, incluso fundacional. Borges, J. Eterno retorno, eterna creación: Un análisis de “Las ruinas circulares” de Jorge Luis Borges |…. […]

  3. ELENA PEREZ MATEO says:

    excelente interpretacion

  4. Francesca Romana Rignanese Rubio says:

    Muchísimas gracias me ayudaste mucho, ya que lo explicas de una manera en la se entiende fácilmente y se logra analizar la obra mejor.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *