¿Y si la despenalización del aborto ayudara a reducir la cantidad de abortos?

María (nombre ficticio) tiene 30 años y dos años únicamente de escolaridad. Tiene 7 hijos vivos y 3 que no se lograron. Lava ajeno y vende en el mercado para mantener a sus hijos.

Su marido trabaja en el campo: gana muy poco y de lo poco que gana, se gasta la mitad en la cantina. Cuando llega ebrio (al menos tres noches a la semana) y también cuando llega sobrio, le exige a María que tenga sexo con él. Muchas veces ella no quiere, porque sabe que ya no deben tener otro hijo, además porque el hombre borracho y abusivo le causa repulsión, pero las veces que se ha negado, ha debido ceder tras una golpiza.

La última regla de María no vino y por los cambios en su cuerpo, ella sabe que una criatura está creciendo en su vientre. Un nuevo hijo significa más hambre, más pobreza, dejar de trabajar dos meses y no tener cómo darles de comer a sus hijos. Ella no lo sabe, pero un nuevo hijo también representa un gran riesgo para su salud, pues su cuerpo cansado de tanto dar a luz, ya no es el mismo de antes.

María siente miedo, siente culpa, siente abandono, pero su dilema no es el de matar o no al hijo que lleva en su vientre; sino el de evitar que este niño nazca para evitar más miseria para este y para sus otros hijos.

María le pregunta a una cuñada. La cuñada le dice que tome pesticida, que se tire de un caballo en movimiento, entre otros consejos que a María le parecen muy peligrosos. Después de mucho pensarlo, mejor saca algunos billetes de su pañuelo (sabe que tendrá que limitarse en la comida por este gasto) y va donde la comadrona a que le saque a la criatura.

  • ¿Qué tal si en lugar de gastar sus centavos en ir con la comadrona, pudiera acudir gratuitamente a un centro de salud?
  • ¿Qué tal si en el centro de salud le dieran atención psicológica antes y después del procedimiento?
  • ¿Qué tal si el médico le dijera que hay una operación que evitará que tenga más hijos? ¿O que si toma las pastillas que le darán mes a mes en el centro de salud, evitará tener más hijos?
  • ¿Qué tal si de esta manera se evitará que María tuviera que volver a abortar en el futuro?

 

Karen (nombre ficticio) tiene 15 años. Su padre la abandonó cuando tenía 9 y su madre se dedicó a recuperarse de la pérdida y a rehacer su vida con otro hombre. Karen es una chica abandonada e ignorada por sus padres: con problemas de conducta, con actitudes depresivas. Pero su situación ha mejorado desde que se consiguió un novio (mayor que ella, por supuesto). Se siente querida, se siente apreciada y  siente que la vida le está compensando toda la falta de atención y cariño que tuvo siempre.

“Si no lo hacemos sin protección es porque no me quieres y porque no confías en mí. Y yo no quiero estar con alguien que no me quiere” fueron las palabras del novio cuando amenazó con dejarla. Karen tiene mucho miedo, pues sabe que si resulta embarazada su madre la echará de la casa, pero tampoco quiere perder a la única persona que “la ama”.

Un mes después, Karen está aterrada, pues su período no baja. El novio, por supuesto, le dijo que ese no es su problema y él mismo le aconsejó que abortara.

Karen no sabe qué hacer. La gente dice que abortar es un asesinato, pero qué va a hacer ella sola con quince años y con un bebé. Acude a la dirección que el novio le dio. El lugar descuidado en un callejón solitario le causa muchísima desconfianza, pero ya no hay vuelta atrás.

  • ¿Y si Karen pudiera acudir a una clínica, sin temor a la clandestinidad?
  • ¿Si le contará a la psicóloga que la acompañará antes y después del aborto, cómo llegó a esta situación?
  • ¿Si se le ofreciera respaldo legal para denunciar al mayor de edad que abusó de ella?
  • ¿Si se le hablara de métodos anticonceptivos y se le diera seguimiento psicológico para evitar ser manipulada de nuevo?

La prevención del aborto no se logra prohibiéndolo ni condenándolo ni con sermones religiosos  ni con peroratas morales. Para prevenir el aborto es necesario cambiar las estructuras sociales machistas, que no le permiten a la mujer tener control sobre su cuerpo y su maternidad.

Nosotros podemos aportar grandemente a este cambio: dejando de llamar “calenturientas” o “asesinas” a las mujeres que abortan y comprendiendo que, en muchos casos, son víctimas de desafortunadas circunstancias.