Lágrimas que no acuden

Y el corazón grita y se acongoja

y cada latido es una puñalada al centro del alma.

y duele, duele como la muerte cuando ocurre lentamente.

 

Y las lágrimas no acuden a mis ojos,

están allí, agazapadas, pero no quieren acudir a mi alivio.

Quizás están allí, pacientemente, sabiamente;

esperando una ocasión más necesaria,

más trágica, más irónica, más vital.

 

Pero qué más tragedia que la vida misma

pero qué más tragedia que escuchar cada latido y rogar porque cesen.

Qué más tragedia que tener la vida y no quererla.

 

¿Para qué? Para qué esta maldita vida sola

solitaria, solamente la desgraciada vida.

¿Para qué? el sufrimiento eterno de la incertidumbre,

del ocio, de la insatisfacción de la ceguera, de la oscuridad.

 

Maldita vida, maldito mundo,

maldito sea todo lo que existe

y también lo que no existe.

Maldita sea yo,

que nací en una hora maldita.

Maldito el momento en el que fui concebida

para venir a este maldito mundo de dolor

de angustia, de sufrimiento y de lágrimas que no acuden

a aliviar mi tormento.

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